sábado, 27 de abril de 2013

Mi País, Tu Nación, Nuestra Patria…

Normalmente las personas utilizamos los términos país, nación o patria, para referirnos a la tierra donde nacimos…la verdad es que son términos diferentes, sin embargo, mi intención no es conceptualizar estos puntos, sino hablar acerca de la tierra que nos vio nacer. Muchas familias, cuando nacen sus hijos, nos enseñan acerca del país donde vive, por lo menos conmigo fue así, mis padres me enseñaron acerca de esta gran nación, lo mucho que debíamos quererla y respetarla. Cierto día, le pregunte a mi abuela materna como era eso de querer a la patria, ella con su afable voz me explicó desde su perspectiva que significaba eso, me indico que el amor al país, comenzaba por no botar papeles a la calle, no tirar la basura por doquier, no ensuciar las paredes, respetar a las personas mayores, respetar a los vecinos, cuidar las áreas verdes, cuidar a los animales, no cometiendo delitos  y no hablar mal ni del gobierno ni del país.
Aquellas palabras se me fijaron en mi mente, particularmente siempre que llego a mi hogar, saco la basura que tenga en mis bolsillos, esto lo coloco como un simple ejemplo. Vivo en una de las ciudades más controversiales de América Latina, es bella pero peligrosa, sin embargo, estoy empecinado en ver la parte positiva de cada creación de Dios.
Ahora bien, entrando en materia, cuando Dios nos creo, nos dio naciones, como parte de su heredad, nos saco de la esclavitud para que seamos libres, fíjese como en la Biblia está escrito que Dios saco al pueblo de Israel de Egipto (Éxodo 20:2), les quito el yugo faraoniano y les dio una tierra, para que fuese habitada por ellos, esto puede leerlo en el libro de Éxodo. Así como hizo con Israel también sucedió lo mismo con los pueblos de América Latina, nos libero del yugo europeo, note como los temas en la Biblia puede adaptarlos a su vida, cree que es en coincidencia? Yo no lo creo….
En fin, nuestros países, son nuestra herencia dada por Dios, por eso debemos cambiar nuestra manera de actuar hacia ella, es decir, si usted es de los que al salir al extranjero habla mal de su pais, por favor, no continúe haciéndolo, pues normalmente las personas al referirse hacia ciertos temas no hablan de manera individual  sino de manera generalizada, por consiguiente, hay quienes piensan que aquel que habla mal de su país, es un desleal y puede hablar mal de su madre y padre. En Ezequiel 47:14 dice: “A los antepasados de ustedes les juré darles este país como herencia. Ahora cada uno de ustedes recibirá una parte igual, porque este país es su herencia”.
Ahora bien, al ver conocido esto, nos toca cambiar la manera como vemos a nuestros países, debemos respetar sus leyes, a nuestros hermanos, a nuestras familias, cuidar nuestras calles, ciudades y todo lo que se encuentre dentro de nuestro país. Inclusive el Señor en Levíticos 19:33 nos habla de nuestro deber de tratar bien a los extranjeros, tratarlos como si hubiese nacido en estas tierras. Estoy convencido que para realizar cambios significativos en el país, debo comenzar por mí mismo y educar a mis hijos de una manera mejor al cómo me criaron mis padres, así garantizaremos ser más personas que amemos al país desde lo pequeño hasta lo más grande.
En Venezuela, somos mucho mas que hermanos, pues somos hermanos por Dios, somos hermanos por el segundo hombre más influyente en nuestra historia después de Jesucristo y ese es Simón Bolívar y somos hermanos por haber nacido en esta tierra que lleva por nombre Venezuela y no me cabe dudas ha sido bendecida por nuestro Padre Creador.  Solo nos falta unirnos, respetarnos y amarnos, trabajar en pro de esta tierra, pero sobre todo es necesario tener una búsqueda insaciable de Dios, de su verdad y justicia, de su amor y misericordia.
Para finalizar le dejo esta pequeña lectura de la biblia, en Salmos 112 1:2 “Aleluya! ¡Alabado sea el  Señor! Dichoso el que teme al  Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos.    Sus hijos dominarán el país; la descendencia de los justos será bendecida”.


Dios le ama y yo también…


Hasta el próximo tema…

Francisco Carballo

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