El matrimonio es una de las
instituciones más sagradas a los ojos de Dios, pues le creó, con el fin que se formen
las familias, para su bendición y para
la felicidad, sin embargo, los seres humanos hemos atentados de muchísimas manera
contra el matrimonio. Hoy en día es uno de los temas más complejos, a través de
los medios de comunicación podemos observar cualquier cantidad de consejos, guías,
formulas, códigos, etc., hay quienes dan
consejos acertados y oportunos pero otros que….ni tan buenos. Déjeme decirle
que partiendo de la aseveración que cada
ser humano es único y original, así son también los matrimonios, cada unión conyugal
es diferente de la otra, se pueden tener factores comunes, pero no igualdad, ya
que cada integrante del matrimonio no son iguales entre sí. Jesús estando en
vida nos dijo en Mateo 19:4-6: “Jesús
respondió: ¿No han leído que el Creador desde el principio “hizo al hombre y a
la mujer”? Y dijo: “Por esta razón el hombre dejará a su papá y a su mamá para
unirse a su esposa y los dos serán un solo ser”. Así que ya no son
dos, sino uno solo. Por tanto lo que Dios ha unido, que ningún ser humano
lo separe”.
Lo difícil de vivir en
matrimonio, es aprender a entender que en el matrimonio ya no son dos, se es
uno solo, por lo tanto, las responsabilidades en el matrimonio son compartidas.
Uno de los principales choques entre los esposos es la diferencia de ideas y
criterios, el hombre siente que debe tomar la totalidad de las decisiones y que
debe hacerse así porque él es el hombre y la mujer debe aceptarlo, y la mujer
piensa lo mismo pero a su favor, déjeme decirle
que esto está muy alejado de la
realidad. En Efesios 5:21 nos dice: “Sírvanse
unos a otros por respeto a Cristo”, esto quiere decir que debemos
respetarnos mutuamente, pues el respeto es una de las columnas principales de
toda relación de pareja. Sin respeto la llama con la cual se inició esa unión se
irá extinguiendo y mucho más en estos días, donde en los temas de matrimonio
poseen una tolerancia cero. En ese mismo capítulo de Efesios pero en el versículo
33, Pablo nos comentó lo siguiente: “En
todo caso, cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y la mujer
respete a su marido”. Notemos a quien coloca de primero, no por colocar un
lugar en específico si no para enseñar de quien debe venir el ejemplo, el
hombre debe amar a su esposa como a sí mismo, es el amor la base fundamental de
todo matrimonio. Acaso el hombre se automaltratará? Se ofenderá a sí mismo? será
infiel a sí mismo? No lo creo, cuando las personas se aman a sí mismas no se
automutilan. A través de Pablo, Dios quiere decirnos que debemos ser amorosos,
respetuosos, cuidadosos, bondadosos, cariñosos con nuestras esposas, la mujer y
la rosa poseen mucho en común, si usted la maltrata puede llegar a marchitarse,
pero también hacerle daño con sus espinas, en cambio, si usted la trata con
amor y cariño, la belleza y candidez de ella hará que sea una de las rosas más
hermosa del jardín.
En la segunda epístola de
Juan capitulo 1 versículo 6 podemos leer: “El
amor es poner en práctica los mandamientos de Dios. Es el mismo mandamiento que
ustedes han oído desde el principio: que vivan una vida de amor”. Al igual
que Pablo, Juan también habla del amor pero esta vez como un mandamiento de
Dios, porque recordemos que el amor puede hacer grandes cambios en
nosotros, el amor nos llama a ser
mejores y en esto debemos mirarnos hombres y mujeres, el amor en pareja, el
amor del matrimonio, es una planta que debemos cuidar juntos, es un trabajo de
ambos, al mismo ritmo y compas. El amor en el matrimonio, no debe medirse por
quien dé los mejores regalos, sino por los sacrificios que cada uno de nosotros
hagamos para el beneficio de la relación, es dejar de ser yo para ser tu, es que
dejas de ser tu para que seas yo, es como nos fusionamos, es como construimos y
edificamos. Cuando vivimos en matrimonio no se trata de una guerra, se trata de
aportes, el matrimonio no es pedir o exigir, es cuanto tengo para ofrecer, el
matrimonio no es para que te la cales, en el matrimonio no hay lugar al orgullo
ni al rencor, el matrimonio es sencillamente para ser felices, es entender que
somos la ayuda idónea del otro.
Ciertamente, tendremos días malos,
días donde discutamos, lo importante es nunca tener una mala palabra contra
nuestra pareja, nunca ofendernos, no irse a dormir con esa molestia en el
pensamiento, es necesario sentarse a conversar y dialogar acerca de lo
sucedido, encontrar un punto neutro, un concilio, donde podamos ser
triunfadores.
Cada relación de pareja debe
tener por base el amor, respeto, el compromiso y responsabilidad, comunicación,
caridad, verdad, humildad y honestidad, entre otros, particularmente coloco cada
uno de estos como columnas fundamentales de mi hogar, pero con un terreno y un
techo provisto por Dios, quien es nuestra roca fuerte y nuestro refugio. Cuando
un matrimonio se fundamenta con las enseñanzas de Dios, este debe tener mucha más
fuerza y estar muy unidos, pues el enemigo ataca sin piedad a los matrimonios,
pero más aun si son cristianos. El aplica la idea de “divide y vencerás”. En cambio
Dios nos dice que dos son mejor que uno y es con este pasaje de la biblia que
deseo culminar, Eclesiastés 4:9-12 dice: “Más
valen dos que uno, pues trabajando unidos les va mejor a ambos. Si uno cae, el
otro lo levanta. En cambio, al que está solo le va muy mal cuando cae porque no
hay quien lo ayude. Si dos se acuestan juntos, se darán calor, pero si alguien
duerme solo, no habrá quién lo caliente. Uno solo puede ser vencido, pero dos
se defienden mejor. Es que la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente”.
El Señor le bendiga!
Dios le ama y yo también,
Hasta el próximo tema.
Francisco Carballo
@frankcarballo
No hay comentarios.:
Publicar un comentario